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ENCYCLICAS O CARTAS CIRCULARES
DEL P. FRAYANTONIO COMAJUNCOSA (1794-1801)

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/ 68r / ENCYCLICA DIEZ Y NUEVE

En que se anuncia á todos los PP adres Conversores la quarta Visita General, y se da solución á algunos pretextos que se suelen alegar para no denunciar á los delincuentes.

Fr ay Antonio Comajuncosa de la Regular Observ anci a de N uestro P adre S an Francisco, Pred icado r Ap ostóli co, Comisario, y Prefecto de Misiones del Colegio de Propag and a Fide de N uestr a S eñor a de los Áng ele s de la Villa de Tarija: á los RR everendos PP adres Conversores de las Reducciones de n ues tro cargo salud y paz en N uestr o S eño r Jesu Christo.

Después de los diez y nueve meses que concluimos la anterior Visita de estas Misiones, ya parece será tiempo de emprender otra, para cumplir la obligación q u e nos incumbe de reconocer con diligencia el rostro de n ues tro Ganado, y de considerar con la debida atención el estado de n ues tra Grey, según el Divino Proverbio del Sabio Salomón: Diligenter agnosce vultum pecoris tui, tuosque greges considera (224). Porque, si bien se consideran los peligros que ocurren en estas tan vastas soledades ¿quién no temerá que en tanto tiempo se haya manchado, ó desfigurado el rostro de algunas de n ues tras Ovejas, ó q u e alguna de ellas se haya debilitado, enflaquecido, enfermado, lastimado, desviado, ó perdido? Es decir ¿quién no estará con el cuydado de que alguno de n ues tros Súbditos haya manchado, ó desfigurado su conciencia con su proceder poco edificante, y quizas abiertam en te escandaloso, ó de que tal vez alguno de ellos debilitado de fuerzas, y enflaquecido su espíritu se haya entregado á la ociosidad; y entregado á la ociosidad, que es madre, y nutriz de todos los vicios, se halle enfermo de muerte por la culpa, y enferma su Alma por la culpa, haya hecho quiebras en el cum- / 68v / plimiento de sus deberes, y hecho un transgresor de sus obligaciones ande por caminos torcidos, caminando á la perdición? Pues si todo esto sucedió á los Israelitas, hallándose en el Desierto, sin embargo de verse guiados de un Ángel q u e los conducía en la nube, favorecidos por Dios, que los alimentava, y protegía con milagros, y gobernados de un Moisés, que continuam en te los instruya, los exortava, y velava sobre ellos ¿qué no se deberá temer de unos Religiosos puestos en estos Desiertos, donde no se advierten estos prodigios? Porq u e aunq u e estos tienen la fe para su guía la Sagrada Eucaristía para su alimento, y las instituciones, y exortaciones casi continuas de este su Siervo Conductor ¿no podrá ser, q u e esta Fe se les haya apagado, ó cubierto de tinieblas, por no haberla exercitado, y fomentado con las buenas obras; que esta Eucaristía por no ser diaria, ó frecuente, ó por no haverse dispuesto como debían para recibirla, les cause nauseas, y que este Siervo Conductor no haya exortado, é instruido con la frecuencia, y eficacia q u e era necesaria, ó q u e por haberlo hecho con la pluma, y no con la lengua se haya perdido toda su unción, fuerza, y valor? Todo puede ser así, y por lo mismo es de temer, que á imitación de los Israelitas se hallen algunos, débiles y flacos en su espíritu; enfermos, y achacosos en su Alma, apartados, y desviados del cumplimiento de sus obligaciones, y quizas perdidos entre malesas, y precipicios de vicios criminales y por este temor, y cuydado que nos acompaña, nos vemos precisados á emprender esta Visita, para ver si n ues tras Ovejas están en aquellas robustez, salud, entereza, orden, y seguridad, en que deben estar, ó si necesitan de algún remedio para aplicárselo, para que no nos reprenda el Señor con aquellas temibles palabras dichas por boca de su Profeta Ezequiel: Væ Pastoribus Israel, qui …. quod infirmun fuit non consolidas- / 69r / tis, quod ægrotum non sanastis, quod confractum est non alligastis, et quod abjectum est non reduxistis, et quod perierat non quæsistis(225).

Saldremos pues de esta Misión para emprender dicha Visita en la Infra Octava de Pascua de Resurrección, y pasaremos con el favor de Dios á las de adentro á fines de Abril, siguiendo hasta la de Azero, y de esta á las restantes de la parte del Sud; previniendo como prevenimos que igualmente administraremos el Sacramento de la Confirmación á los q u e estuviesen dispuestos, y consagraremos las Aras q u e necesitasen, y estuvieren prevenidas para este efecto, como esperamos lo estarán, ó en cada una de las Misiones q u e tuvieren esta necesidad, ó todas en una sola para ahorrarnos algún trabajo. Pero ¿quién no conoce, que para ver en esta Visita las faltas, ó excesos dignos de corrección necesitamos de luz? Con efecto, sin ella será imposible que veamos, y sepamos quales son las manchas, las enfermedades, las roturas, los desvíos, y los peligros de perdición de n ues tras Ovejas; y no viéndolos, ni sabiéndolos, será imposible aplicar el remedio conveniente, que es el fin primario de las Visitas Regulares. De aquí nace la estrecha obligación, que tienen los Súbditos de denunciar al Visitador todo aquello q u e necesita de corrección, y enmienda, para lo qual dimos las suficientes instrucciones, y exortaciones en n ues tra Circular de 16 de Febrero de 1797, que deberán tener muy presentes, para no pecar, ni delinquir en un acto tan serio, y tan delicado, q u e lo mismo se puede faltar por exceso, q u e por defecto.

Así es, PP adres y HH ermanos míos; y es preciso volver á decir algo de lo que ya tenemos dicho para q u e no se les cayga de la memoria. En esta simple, general, y canónica investigación, inquisición, ó averiguación de los crímenes, hecha por el Superior, ó Juez competente, no como Juez; sino como Padre, no se le deben denunciar los defectos leves, y que no se oponen á la paz pública, ni al / 69v / bien común, ni á la vida Regular, ni al Ministerio Apostólico, por ser estos inevitables en una naturaleza tan frágil como la que todos tenemos, por lo qual dice la Divina Escritura, que no hay en la tierra hombre tan justo, y q u e todo lo haga tan bien, q u e no peque muchas vezes cada día: Non est homo justus in terra, qui faciat bonum, et non peccet … septies enim cadet justus(226). Por este motivo no debe el Superior hacer mayor caso de estas menudencias; porque De minimis non curat Prætor .

Tampoco se le deben denunciar los delitos graves, quando de ellos no se tiene una ciencia cierta, sino una micra sospecha fundada en muy débiles principios: ni los que saben por relaciones inciertas, ó murmuraciones vagas de Personas de poca fe(227): ni los crímenes ocultos, q u e solo dañan al que los cometió, ó q u e no están en peligro próximo de q u e se publiquen, ni los que están ya enmendados, y sin peligro de reincidencia; porque en todos estos casos se les informaría injustam en te ante el Superior, el qual solamente puede corregir, y castigar los crímenes, ó excesos ciertos, ó fundados en sólida probabilidad, públicos ó próximos á publicarse, y no á los que son, y se presumen serán siempre ocultos; porque De occultis non judicat Ecclesia(228).

Los pecados, crímenes, faltas, ó excesos, que en conciencia deben denunciarse en el acto de la Visita son (como diximos en la mencionada Circular) los ciertos, graves, y públicos, ó próximos á publicarse, q u e ni se han enmendado, ni se tiene certeza indubitable de que se enmendarán con la corrección fraternal: los que son en daño de tercero, ó contra el bien común, ó perturban la paz pública, ó ceden en perjuicio de la observancia y disciplina Regular, ó en grave detrimento del Ministerio Apostólico. Todos estos delitos deben denunciarse, no por odio ni venganza, no por emulación, ó envidia, no con espíri- / 70r / tu de hipocresía, ni con animo de abatir, y arruinar á su Hermano; sino con el nobilísimo motivo de una verdadera caridad, con la que se intenta, desea, y procura la enmienda de su próximo, y el bien, provecho, é indemnidad pública. No es esto un mero consejo, sino una obligación grave; de la qual no pueden dispensarnos ni el amor propio, ni la pusilanimidad, ni las relaciones de Amigo, de Condiscípulo, de Paisano, ni de Bienhechor; porque por Derecho natural estamos todos obligados á procurar la salud espiritual de n ues tros Próximos, y á promover el bien común del mejor modo q u e pudiéremos, como enseña el Angélico D oct or Santo Thomás con otros graves Autores(229). No pudiéndose pues esto conseguir ni con la corrección fraternal, ni con las privadas, y caritativas amonestaciones de otros Hermanos, necesariamente debe denunciarse al Superior, en cumplimiento del precepto de Jesu-Christo.: Quod si non audierit eos, dic Ecclesiæ(230)¿Qué cosa más clara?

Más sin embargo de todo esto ¿quién lo creyera? Se habla, se murmura, se publica con demasiada frecuencia delitos, y excesos, que ni son pequeños, ni son ocultos, ni son enmendados, y que siendo ciertos es imposible que no escandalizen á otros, que no perturben la paz pública; que no dañen al bien común, que no cedan en perjuicio de la observancia y vida Regular, ó que desacrediten el Apostólico Ministerio; y con todo esto, llegando la Visita, no hay quien denuncie ni á los q u e son ciertam en te delincuentes, ni á los que con sus murmuraciones manchan el buen nombre de sus Hermanos inocentes.

Pero ¿por qué se omitirá esta denunciación? ¿Será por conservar la paz entre sus Hermanos? Pudiera alguno alegar este pretexto, por persuadirse que el delincuente, á quien considera de un genio violento, vendrá en conocimiento del denunciante y picado de este bochorno dará contra él, y no lo dexará repo- / 70v / sar un instante. Pero ¿qué paz será esta, que se pretende lograr con este silencio? ¿Será aquella paz, que anunciaron los Ángeles al nacernos el Salvador del Mundo? No, porq u e aquella fue una paz anunciada, y prometida á los hombres de buena voluntad(231); y no pueden tener buena voluntad los que por una falsa quietud quieren dexar á su Próximo en estado de condenación. ¿Será aquella paz q u e nos predicó, y nos dexó el mismo Divino Salvador quando vivía entre los hombres, y se despidió para subirse á los Cielos? No; porque aquella fue la misma paz de Jesu-Christo, que nos la dio, no como la que suele dar el Mundo para el mal, sino como la da el Espíritu de verdad para el bien(232); y no puede ser paz de Jesu Christo; ni conducir para el bien lo que por una prudencia mundana contribuye á la perdición de su Hermano, permitiendo que ida descansado en la sombra de la muerte aquel por quien Jesu Christo dio la propia vida ¿Será aquella paz, que tantas vezes nos enseña, y persuade el Aposto S an Pablo en sus Sagradas Epístolas? No, porque aquella es una paz de Dios y no del mundo, una paz que excede á todos los sentidos, y opiniones humanas, y se dirige á guardar sin mancha n ues tros corazones, y á acomodar nuestras inteligencias, dictámenes, y pareceres á los q u e tuvo el mismo Jesu Ch is to: Et pax Dei, quæ exuperat omnem sensum, custodiat corda vestra, et intelligentias vestras in Christo Jesu(233). Y la paz, q u e con este silencio se pretende ¿es paz de Dios, que conserve el corazón sin mancha de culpa, y haga conformar los dictámenes con los que Jesu Christo? No nos deslumbre, PP adres y HH ermanos míos, n ues tro amor propio, ó n ues tra propia ignorancia: porq u e esta paz ni es la paz de Dios, ni la que vino á dexarnos Jesu-Christo; sino la que el vino á destruir con la espada de su Divina Palabra(234); porque esta paz (como dixo Dios, por el Profeta Jere- / 71r / mías) no es paz verdadera, y los que la tienen por tal serán ciertam en te confundidos, y ni se confundieren en la Visita, que vamos á emprender, ellos caherán en esta confusión en aquel tremendo día en q u e los visitara el Señor, quando les pedirá rigorosa cuenta de esta culpable omisión: Pax, pax, et non erat pax: confusi sunt …. quin potius confusione non sunt confusi …. in tempore visitationis suæ corruent, dicit Dominus(235). Pero ¿qué paz se ha conseguido hasta ahora de guardar este silencio? Ninguna: Hemos esperado la paz, dice el mismo Profeta, y no hemos conseguido su bien(236); porque pudiendo, y debiendo aplicar la curación, y medicina á su tiempo, nos preocupó el miedo, y la turbación. Luego el pretexto de conservar la paz no es suficiente motivo para omitir la denunciación.

¿Lo será tal vez la Caridad, y compasión que tienen, ó piensan tener á sus Hermanos? Pudiera que alguno alegase este motivo pero ¿qué caridad será esta? ¡Ojalá huviese entre todos VV uestras RR everencias una caridad tan verdadera, tan firme, y tan bien ordenada como la que es complemento de la Ley Plenitudo legis dilectio(237). Pero si la Ley antigua no permitía que se dexase caydo el Jumento del Próximo (238) ; sino que obligava á levantarlo ¿permitirá la Ley Evangélica que dexemos á nuestro Hermano caydo, y oprimido con la carga de sus delitos? Si aquella Ley de temor no tolerara que se mirase con indiferencia el Buey, ó Jumento que se viese errante, ó perdido; sino que precisava á recogerlo y volverlo á su Dueño, aunque fuese su enemigo(239)¿nuestra Ley de amor tolerara que se vea errar, y andar perdido un Hermano, sin avisarlo, sin recogerlo, y sin bolverlo á su propio Dueño, que es Jesu-Christo, no enemigo, sino amigo, no extraño, sino Padre el más amante de unos y otros? ¡Ay Herm ano s míos! No llamemos caridad á una omisión tan perjudicial á la salud, y vida de n ues tros Próximos.

/ 71v / La caridad verdadera, dice el Apóstol S an Pablo, es vinculo de perfección(240); y dexar al Próximo en su pecado, no es unirlo sino separarlo, no es perfeccionarlo, sino empeorarlo, y perderlo. La verdadera, y perfecta caridad, dice el Apóstol San Juan, no teme, no se espanta, ni se amedrenta (quando se trata de socorrer al Próximo en orden á su salvación) sino que expele de sí todo temor (241); y revestida de magnanimidad se arma de un zelo prudente; vivo, y eficaz para atropellar con todos los respetos humanos, y poner todos los medios posibles á fin de librar á su Hermano de todo mal, y fixarlo fuertemente en el bien. Esta es la caridad, que debemos tener con n ues tros Próximos errantes: una caridad, que consista no en palabras, sino en obras, no en los elogios de una lengua aduladora, sino en procurar con diligencias prácticas, y verdaderas su enmienda, su reforme, y su salvación: Non diligamus verbo, neque lingua, sed opere, et veritate (242) . Lo contrario es una caridad falsa, impía, y que no les puede servir de disculpa en el Tribunal de Dios para no denunciar á los delincuentes, que no quisieron enmendarse con la corrección fraternal, ni con otros medios prudentes: haviendo pues estos sido inútiles, es necesario denunciarlos al Superior, para que los corrija.

Pero aquí dirán tal vez, que nada se remedia con estas denunciaciones, ya porque los perversos con dificultad se enmiendan, y corrigen, aun quando los Superiores pongan la mano en ello; ya porque estos regularmente lo miran con indiferencia, ó aplican unas correcciones tan suaves, y tan pasajeras, que prontam en te se disipan; y pierden su vigor, sin lograrse más fruto que el de una penitencia simulada, ó de una suspen- / 72r / sión, ó conversión momentánea; para bolver después con mayor ímpetu á sus antiguos desordenes. Sin embargo aun quando todo esto fuese así, la obligación de denunciar siempre queda en pie; porque la perversidad del impío no nos debe hacer perversos, ni la omisión de un Prelado nos debe hacer omisos. Pero hasta ahora no hemos conocido Religioso tan incorregible, que haya puesto su corazón como un diamante para no oyr la corrección (243) : en todos hemos hallado docilidad, no digo para apartarse del mal, sino para abrazar, y obrar el bien que les hemos persuadido; y esto nos hacer creer, que haviendo sido dóciles para sugetarse á nuestras persuasiones á fin de adquirir el mérito de las obras buenas, no lo serán menos para recibir la corrección, que necesitasen, á fin de evitar las penas q u e corresponden á las obras malas. En esta persuasión estamos; y tenemos mucho que si alguno pensase lo contrario, sería él el endurecido, y perverso q u e se resistiría á la luz del desengaño, y á los medios más eficaces de su corrección.

Y ¿para qué es sospechar de omiso al Superior en esta parte? ¿Por ventura el que ha sido tan vigilante para persuadir el bien, no lo será para reprehender el mal? Desde luego podrán haver sido n ues tras correcciones suaves, benignas, y blandas, pero en esto hemos querido seguir la doctrina del Apóstol S an Pablo en las savias, y celestiales instrucciones, que dio á los Fieles de Éfeso(244), persuadiéndolos á que si alguno tuviese la desgracia de caher en algún delito, lo instruyesen, y corrigiesen con espíritu de lenidad, considerando que cada uno es capaz de caher en la misma tentación: y también aquel consejo que dio el mismo Apóstol á su Discípulo Timoteo, de no reprehender con acrimonia al Anciano, ni de reñir con aspereza al Mozo, sino de rogar, / 72v / y suplicar al uno como á Padre, y al otro como á Hermano: Seniorem ne increpaveris, sed obsecra ut Patrem, juvenes ut fratres(245). Pero ¿qué resultas ha tenido esta lenidad, suavidad, y blandura? ¿Por ventura los q u e alguna vez han sido así reprehendidos se han endurecido más en sus delitos? ¿Acaso algunos han hecho abuso de esta benignidad p ar a empeorarse? No lo hemos creydo hasta ahora, ni lo creeremos en adelante, aun quando á los que nos denunciasen los corrigiésemos con la misma lenidad. Con esta corrigió Jesu Christo al Paralítico, y sanó de una enfermedad de treinta y ocho años.(246) Con la misma suavidad corrigió á la Samaritana Fotína, y prontam en te mudó de vida. Con esta mansedumbre corrigió á la Adultera,(247) y á la Magdalena,(248) y desde aquella hora no volvieron á sus desordenes. Con esta misma benignidad corrigió á Zaqueo, (249) y á otros muchos Pecadores, y consiguió de ellos un total reforme de sus costumbres: porque al fin siempre es, y será verdad, que la lengua suave, y blanda quebrantará la dureza del Pecador: Lingua mollis confringet duritiam(250): de que se sigue, que aunque fuésemos blandos, y suaves en nuestras correcciones, no dexaríamos de esperar la enmienda de qualquier delincuente, aun quando huviese sido un Publicano, ó un enfermo de treinta y ocho años: y por lo mismo esta suavidad, y blandura con q u e son tratados los denunciados; no es motivo suficiente para omitir la denunciación.

Es verdad que algunas vezes ha havido criminosos, que simulando su enmienda por algún tempo corto, hán abusado de la benignidad de sus Superiores, bolviendo con mayor ímpetu á sus antiguos desordenes, como el Perro q u e vuelve á comer lo que antes havía vomitado.(251) Pero que … / 73r / Por ventura si alguno de nuestros Súbditos huviese recaydo en los graves, y públicos excesos de q u e en otro tiempo huviese sido reprehendido ¿ignoramos lo que hemos de practicar en este caso? No lo ignoranos, PP adres y HH ermanos míos, y si no lo hemos practicado hasta ahora, por no haverse dado motivo para ello, no dexaremos de practicarlo siempre q u e se ofreciere esta ocasión. Entonces sabremos pasar esta averiguación simple, y general á otra especial, y solemne(252): y saliendo alguno convencido de Reo en algún grave delito sabremos también aplicarle la pena que ordenare la Ley. Más, si después de todo esto hiciera algún criminoso desprecio, y burla de nuestra corrección, escarneciéndonos, y despreciándonos con dura cerviz por lo mismo q u e lo corregimos, y castigamos, desde ahora le anunciamos la mayor de sus desgracias, porque de semejantes rebeldes escrito esta que una muerte repentina será el pago de su osadía, é incorregibilidad. Viro, qui corripientem dura cervice contemnit, repentinus ei superveniet interitus (253) .

De todo lo dicho pueden VV uestras RR everencias inferir, que ni el pretexto de la paz, ni el título de caridad, ni la benignidad del Visitador, ni la rebeldía del delincuente pueden ser motivos suficientes para dexar de denunciar los delitos graves, ciertos, públicos, y q u e ceden en perjuicio de la paz pública, del bien común, de algún inocente, y de la disciplina Regular, ó Apostólico Ministerio que profesamos. Baxo cuyo supuesto, y en virtud de estas nuestras Letras firmadas de n ues tra mano, y nombre, selladas con el sello mayor de n ues tro Oficio, y refrendadas de n ues tro Secretario, mandamos por Santa Obediencia á todos, y cada uno de VV uestras RR everencias q u e en esta Visita, que bamos á emprender nos denuncien los delitos, crímenes, y excesos, que van referidos, en caso tuviesen noticia cierta, ó muy probable de que alguno de n ues tros Relig ioso s los huviese cometido, y no se huviese enmendado, ó estuviese todavía vivo el escándalo, ó perjuicio q u e huviese ocasionado. Pero si supieren, ó creyeren que ninguno de los Relig ioso s, cometió exceso alguno de los que van mencionados, y sin embargo de este oyeren, ó huviesen oydo á algún Relig ios o maldiciente q u e publicase, ó huviese publicado los graves delitos ocultos de su Próximo, ó los que realm en te no cometió, ó que los exageró y abultó más de lo q u e fueron en sí: deben igualm en te denunciarlo; porq u e este detractor, maldiciente, ó infamador, q u e es la abominación de los hombres, y un objeto aborrecible en la presencia de Dios, perturba la paz, engendra discordias, promueve odios, y malas sospechas, y ocasiona tantos males; quantos puede discurrir el humano pensamiento; como dice S an Juan Chrysóstomo. Siendo pues este pecado de la detracción tan malignante, y q u e no solam en te es mortal, sino mortalísimo, según S an Bernardino de Sena con S an to Thomás ¿podrá acaso tolerarse; y pasarse sin castigo? Un delito como este, q u e el Emper ad or Domiciano lo castigava con pena de destierro; y los Emperad ore s Tito, y Vespasiano con los más rigorosos azotes en la publicidad del Anfiteatro; y que el Ap ósto l S an Pablo lo juzga por digno de muerte ¿podremos los Superiores Regulares mirarlo con indiferencia? No, HH ermanos míos, este gravísimo delito debemos juzgarlo digno de la más severa corrección, y por lo mismo no deben pasarlo en silencio, sino denunciarlo al Visitador, en cumplim ien to de su grave obligación.

Y para que conste á todos mandamos, q u e esta n ues tra Circular pase por todas las Misiones de n ues tro cargo según el orden de la margen, y q u e se lea con reflexión por todos los Relig ioso s Conver sore s, quienes darán fe al pie de ella de haverlo cumplido así, y de la última bolverá á nuestra presencia. Dada en esta Mis ió n de la SS antísima Trin ida d de Abapó en 6 de Marzo de mil ochocientos y uno.

Fr ay Ant oni o Comajuncosa
Comis ari o y Pref ect o de Mis ione s

Lugar del sello

P or M andado de S u P aernidad M uy R everenda

Fr ay José Blanco
Secret ari o.

224.- Prov. 27,23.
225.- Ezech. 34,4.
226.- Eccle.7,21; Prov. 24,16.
227.- vide S. Th. Quodl . 11, art. 13.
228.- c. 33. c. 34. de Simon . c. 11, D. 32.
229.- S. Tom. 2. 2, q. 33, ar. 3.
230.- Math. 18,17.
231.- Luc. 2,14.
232.- Joan. 14,27.
233.- Philip. 4,7.
234.- Matt. 10,34.
235.- Jerem. 6,14.15.
236.- Idem . 8,15 et 14,19.
237.- Rom. 13,10; Exod. 23,5; Deut. 22,4.
238.- Exod. 23,4.
239.- Exod. 23,4.
240.- Colos. 3,14.
241.- 1 Jo. 4,18.
242.- 1 Joan. 3,18.
243.- Zach. 7,12.
244.- Ephes. 6,4.
245.- Timoth. 5,1.
246.- Joan 5,5-14.
247.- Id. 8,4-11.
248.- Luc. 7,37-50.
249.- Luc. 19,5-10.
250.- Prov. 25,15.
251.- Prov. 26,11.
252.- vi de Ghisilerio de Jud. Regul . cap. 16, n. 80 et seqq.
253.- Prov. 29,1.


/ 74r / ENCYCLICA VIGESIMA

Sobre la extracción de Ganado de las Misiones de Piray, Florida, Cabezas, y Abapó para el socorro de las restauradas de Tacuaremboti, Ibuirapucuti, Piriti, Obaig, y Parapiti.

Fr ay Antonio Comajuncosa de la Reg ul ar Observ anci a de N uestro P adre S an Francisco, Pred icado r Ap ostóli co, Comisario y Prefecto de Misiones: A los amados en Christo PP adres Conversores de las Misiones de Piray, Florida, Cabezas, y Abapó salud, y paz en n ues tro Señor Jesu Christo.

Por quanto el S eñ or Govern ado r Intend en te de Cochabamba D o n Francisco de Viedma nos remitió en testimonio el Auto asesorado, que proveyó en virtud de la facultad, q u e le concedió el Ex celentísi mo S eñ or Virrey del Distrito, que es como sigue: =

“ Cochabamba y Abril veinte y seis de mil ochocientos uno = Y vistos con la razón del numero de Ganados existentes en las Misiones de Piray, Florida, Cabezas, y Abapó, q u e ha remitido el Reverendo Padre Comisario Prefecto de Misiones Fr ay Antonio Comajuncosa, y la que dan los Padres-Conversores de las restauradas de Tacuaremboti, Ibirapucuti, Piriti, y Obay de las que se han menester para su subsistencia: Asignase para este fin quatrocientas y cincuenta Cabezas de Ganado bacuno de vientre, que se deducirán, y sacarán de las primeras en esta manera, de la de Piray setenta y cinco, de la de Florida ciento, de la de Cabezas ciento y cincuenta, y de la de Abapó ciento veinte y cinco, las que se distribuirán, y adjudicaran en el modo siguiente; á la de Tacuaremboti ciento, á la de Ibirapucuti ciento, á la de Piriti ciento, á la de Obay ciento, y á la de Parapiti cincuenta, entendiéndose este auxilio con el cargo, y ca- / 74v / lidad de reintegrar estos fondos á las que los prestan, en el tiempo en que prosperen, y reciban mayor adelantamiento las restauradas. Y para su debido efecto con testimonio de esta Providencia se pasaran los correspondientes Oficios exortatorios á dicho Reverendo Padre Comisario y Padres Conversores, al primero para que se sirva aprontar el expresado numero de Ganados, y á los segundos para q u e se reciban de ellos, encargándoseles á estos procuren el incremento de aquellos capitales economizando los gastos á proporción de la constitución de sus Conversiones, y situándolos en Estancias donde sean más difíciles qualquier invasiones de los Bárbaros, esperando, como se espera de su zelo Apostólico, que con este socorro, y el de los Sínodos que se les satisfará, se lograran los objetos de sus religiosas fatigas, entretanto que por la Junta Superior de Real Hacienda de Buenos Ayres se tome resolución sobre los seis mil pesos que se tienen pedidos como necesarios para el total restablecimiento de dichas Reducciones, y que por su plausible dedicación, y esmero deparen los que falten á unos fines tan Santos, y del agrado de Dios, en la refacción de Capillas, Escuelas, y demás obras, q u e como indispensables representan. = Francisco de Viedma – Fermín Escudero – El S or D o n Franc isc o de Viedma Gobernador Intendente, y Justicia Mayor de esta Capital, y Partidos de su comprehensión por su Majestad proveyó el Auto antecedente con acuerdo, y parecer de su Asesor, y Teniente Letrado. En Cochabamba y Abril veinte y seis de mil ochocientos uno – Ante mi Francisco Ángel Astete Escribano de Su Majestad Público Real Hazienda Gobernación, y Cabildo – Es copia del Auto original de su contex- / 75r / to, de que do fe de Oficio – Francisco Ángel Astete Escribano de S u M ajestad Público R ea l Haz iend a Gob ernació n, y Cabildo ”.

Por tanto en cumplimiento de lo que en el mencionado Oficio se nos previene, y ordena, mandamos á VV uestras RR everencias que apronten el expresado Ganado para quando los PP adres Conversores de d ic has Restauradas Reducciones envíen por él; suplicándoles, como les suplicamos, que los socorran con los Indios suficientes, y prácticos para su conducción hasta el respectivo destino, y para el efecto de la condición que se expresa, cópiese esta Patente en el Libro de Patentes, para que conste en todo tiempo. Dadas estas n ues tras Letras firmadas de n ues tra mano y nombre, selladas con el Sello mayor de n ues tro Oficio, y refrendadas de n ues tro Secretario en la Misión de Zaypurú en el día trece de Mayo de mil ochocientos uno.

Fr ay Ant oni o Comajuncosa
Comis ari o y Pref ect o de Mis ione s

Lugar del sello

P or M andado de S u P aernidad M uy R everenda
Fr ay José Blanco
Secret ari o.

 



/ 75v / ENCYCLICA VEINTE Y UNA

Sobre la nominación de Vice-Comisario-Prefecto en el R everendo P adre Fr ay Bernardo Durán por muerte del R everendo P adre Fr ay Pedro León de Santiago.

Fr ay Antonio Comajuncosa de la Reg ul ar Observ anci a de N uestro P adre S an Francisco, Pred icad or Ap ostóli co, Comisario y Prefecto de Misiones del Colegio de Propag and a Fide de N uestr a S eñor a de los Áng ele s de Tarija: A los amados en Christo PP adres Conversores de las Misiones del cargo de dicho Colegio salud, y paz en el mismo N uestr o S eñ or Jesu-Christo.

Por quanto es preciso ausentarnos de estas Misiones de la Cordillera en prosecución de n ues tra Visita general, y concluida, retiramos á n ues tro Colegio hasta concluir n ues tro Oficio: y conociendo la suma necesidad que hay de que quede en las mismas algún Religioso Misionero de probidad, y experiencia que por el tiempo de nuestra ausencia las dirija, gobierne y atienda con la misma atención, autoridad, y facultades que tenemos para presidirlas, y velar sobre ellas, y sus PP adres Conversores, á fin de que en ningún asunto, necesidad, ú ocurrencia se eche á menos n ues tra personal presencia: Por tanto, valiéndonos de la facultad, q u e nos compete, y de la que nos concede la primera Bula Inocenciana de n ues tro régimen contenida en el numero 5º q u e empieza Insuper tibi permittimus ; hemos tenido á bien nombrar, é instituir al R everendo P adre Pred icad or Ap ostóli co, y actual Conversor principal de la Misión de la S antísi ma Trinidad de Abapó Fr ay Bernardo Durán por n ues tro Vice-Prefecto de Misiones, en cuya virtud podrá usar, y comunicar á otros Mi- / 76r / sioneros las veinte y siete facultades, que el Sumo Pontífice tiene concedidas á los Comisarios Prefectos de Misiones: y al mismo tiempo, y por él de n ues tra ausencia también lo nombramos, é instituimos por n ues tro Vice-Comisario de las Misiones, subdelegándole como el subdelegamos, toda n ues tra autoridad, superioridad, y facultades, para que haga por sí todo lo que hiciéramos, si estuviésemos presente; y á consecuencia de esto podrá anualm en te Visitar las Misiones de n ues tro cargo, cuydar de sus adelantamientos, mudar los Religiosos de unos Pueblos á otros siempre que lo considere conveniente al bien, y utilidad de las mismas Misiones; y tiene igual autoridad respecto de d ic hos Religiosos que sirven las tales Misiones para poderlos corregir, conminar, ó recoger á los claustros, quando olvidados de su profesión no cumplieses con su Ministerio, ó con su mal exemplo pervirtiesen á los Indios, procediendo en esta remoción con acuerdo del R everendo P adre Guardián de n ues tro Colegio, salvo en algún caso grave, y urgente, que exigiese esta providencia: todas las quales cosas le subdelegamos conforme á las Constituciones Apostólicas de Inocencio undécimo.

A más de esto, habiéndonos N uestro SS umo P ontífice Pío Sexto concedido la facultad de subdelegar á otro Religioso Misionero la de administrar el Sacramento de la Confirmación con las condiciones que expresa en su Breve, Sedula Romani Pontificis providencia , de 13 de Marzo de 1792, hemos tenido por bien subdelegar esta facultad, como efectivam en te la subdelegamos al mencionado P adre Vice-Prefecto Fr ay Bernardo Durán; con lo qual junto con todo lo arriba expresado tendrán en el quanto tendrían si nos hallásemos personalmente presente.

Y para que esta nuestra nominación, institución, y / 76v / subdelegación tengan los efectos debidos, mandamos por Santa Obediencia á todos, y á cada uno de los PP adres Misioneros actualmente existentes en los Pueblos de Misiones, y que en lo sucesivo existieren, reconozcan, y obedezcan al mencionado P adre Durán por su legitimo, é inmediato Prelado en todo el tiempo de n ues tra ausencia: y mandamos, que estas n ues tras Letras firmadas de n ues tra mano, y nombre, selladas con el Sello mayor de n ues tro oficio, y refrendadas de n ues tro Pro-Secretario pasen, según el orden de la margen, y se lean en todas las Misiones de n ues tro cargo, y quede en cada uno de ellas una copia fiel, y de haverlo hecho así darán testimonio los PP adres Conversores, prestando su obedecimiento, y de la última pasaran á manos del mismo P adre Vice-Prefecto, quien nos las remitirá para n ues tra inteligencia.

Dadas en esta Misión de San Francisco de Azero en veinte y siete de Mayo de mil ochocientos y uno.

Fr ay Ant oni o Comajuncosa
Comis ari o y Pref ect o de Mis ione s

Lugar del sello

Por Mand ado de S u P aternidad M uy R everenda

Fr ay Joaquín Beltrán
Pro-Secret ari o.


/ 77r / ENCYCLICA VEINTE Y DOS

En que se notifica á todos los PP adres Conversores, que por decisión del Discret ori o de n ues tro Colegio el sobrante de los Sínodos debe invertirse en las Misiones, en que ellos sirven.

Fr ay Antonio Comajuncosa de la Reg ul ar Observ anci a de N uestr o P adre S an Franc isc o, Pred icado r Ap ostóli co, Comis ari o y Prefecto de Misiones del Colegio de Propag and a Fide de N uestr a S eñor a de los Áng ele s de la Villa de Tarija: A los amados en Christo PP adres Conversores de las Misiones de n ues tro cargo salud, y paz en el mismo N uestr o S eño r Jesu-Christo.

Habiéndose presentado al V enerabl e Discretorio de dicho n ues tro Colegio de Tarija la solicitud de cierto Religioso Conversor de que se le entregase la parte del Sínodo correspondiente al tiempo que havía residido en cierta Misión, sacado el gasto que se hizo en su manutención; y en vista de todo lo alegado por el d ic ho Religioso, y parte competente, y del Informe que sobre este asunto dimos con fecha del día quatro de este Mes de Mayo determinó, “ que sobre el particular se guarde lo antes de ahora mandado por aquel Discretorio, y que si por alguna de las partes se quisiese seguir instancia, se aguarde á la Visita inmediata ...” y nos encarga, que así lo hagamos saber á todos VV uestras RR everencias . En cuyo cumplimiento, y para que nadie ignore lo q u e antes de ahora mandó d ic ho V enerabl e Discretorio; reproduciendo lo que tenemos ya dicho en n ues tra Circular de 9 de Marzo de 1796, decimos, que entre los Reglamentos que dio en su Decreto de 28 de Diciembre de 1789, al numero 3º dice: = “ Procurarán siempre los PP adres Conversores con el auxilio de / 77v / sus Sínodos, con las limosnas que se ofrecieren, y con los efectos que produxesen las Estancias, ó Haciendas, vestir á los Niños de la Escuela, á Huérfanos, y Pobres, y á los de familia, y haciendas”. Y al numero 9º concluye : = “Este mismo Discretorio previene, y ordena á todos los PP adre que al presente, y en lo sucesivo se ocuparen en el cultivo de las Misiones, que están á cargo de este Colegio; guarden, y observen todo quanto ordenó siendo Visitador el R everendo P adre Ex-Comisario de Misiones Fr ay Manuel Gil ”.

Es constante, que este M uy R everendo P adre Visitador en las Ordenanzas que mandó observar en su Circular de 17 de Junio de 1788, al numero 9º dice así: = “ De todos los Pueblos se dará cuenta anual al Discretorio en que, y como se gasta la limosna que da el Rey: teniendo presente, que si huviese algún sobrante, se deberá aplicar á las necesidades más urgentes que graduaren los padres, como por Auto de la R ea l Junta está determinado ”.

De lo qual es fácil inferir, que ni el V enerabl e Discretorio, ni alguno de los RR everendos PP adres Visitadores, ni otro de los Prelados de la Orden quiere, ni permite q u e algún Religioso Conversos se apropie el sobrante de su Sínodo (destinado únicamente para su manutención mientras sirva en alguna Misión, ó Conversión), ni que de ello haga bolsillo, peculio, ó repuesto para llevarlo á donde quiera, y gastarlo, ó darlo como se le antojare. Y no es de admirar, que d ic hos Superiores, y Prelados no lo permitan, ni quieran, quanto ni los Sagrados Cánones, ni los Concilios, ni los Sumos Pontífices, ni el Rey N uestr o S eñ or lo quieren, ni permiten, antes bien lo prohíben expresamente, como fácilmente podríamos manifestarlo, si las angustias del tiempo en que nos hallamos no nos lo impidieran.

/ 78r / Es pues claro, que el sobrante de los Sínodos se deben intervenir á beneficio de la misma Misión en que sirven los PP adres Conversores; porque así lo manda el V enerabl e Discretorio de n ues tro Colegio, fundado en las disposiciones Canónicas, Conciliares, Pontificias, Regulares, y en las Leyes, y Cédulas de n ues tro Cathólico Monarca: y querer alguno retenerlo, darlo, ó gastarlo en otras cosas por su propia voluntad es acto de propiedad, es pecado mortal, y es caminar á la eterna perdición. así lo sentimos sine formidine partis oppositæ : y así se lo intimamos á todos VV uestras RR everencias en descargo de n ues tra conciencia por medio de estas n ues tras Letras firmadas de n ues tra mano, y nombre, selladas con el sello mayor de n ues tro Oficio, y refrendadas de n ues tro Pro - Secretario, las que mandamos se lean en todas las Misiones de n ues tro cargo, según el orden de la margen, y se quede en cada una de ellas copia en el Libro de Patentes, y de la última se remitirán á n ues tra presencia con la atestiguación de todos los PP adres Conversores de haverse leído, y copiado, para n ues tra inteligencia.

Dadas en esta Misión de N uestro P adre S an Fran cis co de Azero en treinta y uno de Mayo de mil ochocientos y uno.

Fr ay Ant oni o Comajuncosa
Comis ari o Pref ect o de Mis ione s

Lugar del sello

P or M andado del M uy R everendo P adre Comis ari o Pref ect o
Fr ay Joaquín Beltrán
Pro-Secret ari o.


/ 78v / ENCYCLICA VEINTE Y TRES y última.

En que se concluie la última Visita, y se pondera la tibieza de algunos, con inserción de las faltas, y excesos, que se reprehenden.

Fr ay Antonio Comajuncosa de la Regular Observancia de N uestro P adre S an Francisco, Predicador Apostólico, Comisario, y Prefecto de Misiones del Colegio de Propaganda Fide de N uestr a S eñor a de los Ángeles de la Villa de Tarija: á los amados en Christo PP adres Conversores de las Misiones de nuestro cargo, salud, y paz en n ues tro Señor Jesu-Christo.

Haviendo concluido la Visita de dichas Misiones, es de nuestra obligación corregir, y reformar lo que hayamos hallado digno de corrección, y reforma. (254) Nada de esto tendríamos que hacer, si todos huviesen observado lo que ya tenemos amonestado, prevenido, y ordenado en nuestras Circulares, particularmente en la de 9 de Marzo de 1796 (255), la que deberían tener muy presente en la memoria, por hallarse constreñidos á leerla tres vezes en cada año. En ellas les diximos lo muy suficiente para que fuesen unos perfectos Misioneros, unos útiles Conversores, y unos Religiosos tan ajustados, quales se quisieran ver en el Tribunal de Dios. Los que pusieron todo su cuidado en cumplir, y observar todo lo que en ellas les prevenimos, exortamos, y mandamos, sobre el gran consuelo que nos han dado, reportaron los frutos de su religioso modo de proceder con manifiestos progresos de su propio merecimiento digno de los / 79r / mayores elogios y recompensas, y de la pública beneficencia en grande utilidad de los Indios á su cargo. Pero los que las leyeron, y tomaron con indiferencia, é hicieron más estimación de sus propias deas, que de las nuestras, y no quisieron sujetarse á nuestras instrucciones, y mandatos, frustraron nuestros buenos deseos, perdieron una gran parte del mérito de sus trabajos, decayeron el fervor de su religiosidad, se implicaron en negocios muy agenos de su Instituto, y nos ponen en la precisión de corregirles sus yerros, y de manifestarles el peligro que corren de perderse eternamente. Todo pensamos cumplirlo con hacerles ver la tibieza de espíritu en que se hallan, y las fatales conseqüencias que de ella resultan contra sus propias Almas.

No nos atribuían á temeridad lo que suponemos, y afirmamos; porque, como decía San Bernardo(256), “ no hay Comunidad, donde no se hallen Almas tibias, y floxas, que llevan el yugo de la Religión de mala gana; que procuran quanto les es posible, ó sacudir la carga, ó disminuirla; que tienen continuamente necesidad de espuela para caminar, y de corrección para volverlos al camino; que se abandonan á una vana alegría, cuia compunción dura poco, y cuia conservación es del todo mundana; que no tienen sino pensamientos carnales, y animarles, esto es, no piensan sino en sí mismos, y en sus comodidades, y en lo que puede agradarlos, y contentarlos, que obedecen sin virtud, que oran sin atención, que hablan sin circunspección, que leen sin sacar fruto alguno para su edificación ”. Este es el retrato que hacía de los tibios este gran Santo, y nos asegura que en su tiempo havía Religiosos de este carácter, pero sabemos que á estos tales se les mirava como Religiosos en el nombre, sin serlo en la realidad.

Y ¿habrá entre VV uestras RR everencias algunos que estén poseídos de esta / 79v / tibieza? Bastaría el que alguno lo negase para asegurarnos que es del numero de estos tibios. Estamos en la persuasión, que no se tienen por grandes Pecadores, y esto nace de que en lugar de pensar en el mal que hacen, y en el bien que comúnmente no hacen y debieran hacer, no piensan sino en el mal que no hacen, y en el poco bien que hacen. Á más de esto, en lugar de compararse con aquellos que en la Religión y en las Reducciones son más fervorosos, y más regulares que los imperfectos, y tibios, no se comparan sino con otros que lo parecen menos; y con esta comparación lisongera, y engañosa se dicen con la misma confianza que el Fariseo, (257) que no tienen las faltas de este, y de aquel. De aquí proviene, que sirviendo á Dios, y cumpliendo muy tibiamente las funciones de su ministerio, se hacen testigos ventajosos de sí mismos, como si cumpliesen toda justicia. Así viven algunos alucinados, sin reflexionar, que la continua omisión en recogerse á la oración mental, y trato interior con Dios; la distracción incesante, que experimentan en el rezo del Divino Oficio; la floxedad en examinar profundamente los rincones de su conciencia, y confesarse freqüentemente con el debido dolor, y propósito de la enmienda, las repugnancia en Visitar los enfermos, en instruir á los Niños, en estudiar, y aprender sus indispensables obligaciones, la libertad, y desahogo con que hablan, gritan, murmuran, y tratan con las Personas del siglo sin recato, ni moderación; el sentimiento que manifiestan al verse reprehendidos de sus faltas, empeñándose á defenderlas como si fuesen obras de virtud, la rapidez con que se rezan las Horas canónicas, y se celebra el tremendo Sacrificio de la Misa, pensando cumplir con medias genuflexiones, con acciones, y signos imperfectos, y con pronunciar todas / 80r / las palabras con solos los labios, hallándose el corazón muy lexos de la presencia de Dios; la frialdad, y precipitación con que administran los Santos Sacramentos, y exercen las demás funciones Eclesiásticas, sin reflexionar, como va dicho, que todas estas, y otras faltas son unas señales evidentes de la tibieza espiritual, que esta arraygada en su Alma, y que los tiene detenidos en un seño, flaqueza, y esterilidad para hacerlos inútiles para Dios, para el Próximo, y p ar a sí mismo.

Es muy extravagante el modo de pensar de estos tibios. Ellos quisieran seguir á Jesu-Christo, pero sin el trabajo de renunciarse á si para seguirle, no quisieran cometer pecados graves, pero no reparan en cometer freqüentem en te los veniales; aprecian, y elogian los dictámenes del espíritu, pero al mismo tiempo quieren contentar sus pasiones; aplican la más severa moral para contener á los otros dentro de las reglas del perfecto Christianismo, pero ellos se quieren eximir de su práctica; quieren que todos sean santos, y no quieren ir delante de ellos con las lámparas encendidas de una probada, y exemplar virtud: y así no cuidando de hacer lo que conocidamente es bueno, se les hace lícito quanto les parece no ser ciertamente malo; y para ello aman, y buscan las doctrinas más laxas, ó se forman ellos mismos las opiniones, que mejor les acomodan, y se sirven de ellas sin remordimiento de conciencia, lisongeándose freqüentemente no ser culpa lo que realm en te es pecado.

Pero ¿Quién ignora que por razón del estado que profesaron están obligados á aspirar eficazmente á la perfección, mediante la observancia de los Votos, preceptos, Reglas, Constituciones, y santas costumbres de la Disciplina regular? ¿Quién ignora, que todo Religioso está obligado baxo pecado mortal á procurar actual, ó virtualmente á ser perfecto, por ser obligación de una cosa gravísima, que prometió, y en la / 80v / que consiste la substancia del Estado Religioso, ó á lo menos es como innata propiedad suia?(258)¿Quién ignora, que no querer un Religioso ser perfecto, es delito(259) y no procurando caminar á la perfección es un Religioso fingido, y mentiroso? Nadie lo ignora, y todos confesamos con la común de los Santos, y Doctores Mysticos, que en el camino de Dios el no querer ir adelante es volver atrás, y de aquí se sigue, según la sentencia de nuestro Divino Salvador, que los que no quieren adelantarse en la perfección no son aptos para el Reyno de Dios.(260) Verdad terrible para muchos Religiosos,(261) que ni actual, ni virtualm en te tienen animo de perfeccionarse más cada día en la caridad, ni de procurar caminar á la perfección más que unos buenos Clérigos, ó legos seculares ! Pues este es el funesto estado de los Religiosos tibios, que muy contentos, y satisfechos de permanecer siempre en un mismo tenor de vida, ni aspiran á mayor perfección, ni se esfuerzan á poner en ejecución los medios eficaces para conseguirla, exponiéndose con este descuido á perder todo lo bueno que hubieren adquirido en toda su vida, y á adquirir todos los males hasta la eterna perdición; porque toda virtud se desvanece, si no se fomenta; y perdiendo poco á poco de su valor, al fin se queda en apariencia, y baxo esta respetable capa de santidad se encubren delitos criminales, que les cierran las puertas del Parayso.

¡Estado formidable de la tibieza! pues según la palabra del Espíritu Santo es un estado mucho peor que el del pecado(262); esto es, el del pecado cometido antes que entrasen en la tibieza les pudiera haver sido provechoso; porque no hubieran podido sufrir los remordimientos de la culpa, que humillándolos, y espantándolos con su enor- / 81r / midad, los hubiera obligado á convertirse: pero llegando á ser tibios después de una vida fervorosa, ni se reprehenden su tibieza, ni hacen algún escrúpulo de ella. De aquí es, que todos los Maestros de la vida Christiana, y Religiosa han enseñado, que es más difícil salir del estado de la tibieza, que del estado del vicio, y de la maldad: y entre estos Casiano afirma haber conocido gran numero de Pecadores, que por su conversión habían llegado á ser hombres fervorosos, y espirituales; pero que no había visto jamás la misma mudanza en Religiosos tibios(263)¿ á quién no hace temblar esta experiencia? No tiene duda que Dios puede hacer que el Religioso más tibio pase á una vida muy fervorosa; pero será preciso que los medios sean extraordinarios. Para convertir, y hacer fervoroso á algún secular suele valerse de sus inspiraciones, y llamamientos interiores que lo suavizen; de libros espirituales, y devotos, que los instruian, y muevan; de la palabra viva, y eficaz de los Predicadores, que lo conmueva, y agite; de las consideraciones de la Muerte, Juicio, é Infierno, que lo atemorizen; de alguna muerte repentina de otro semejante que lo asombre; de un Confesor zeloso, que lo anime, y aliente; y de otros muchos medios, con que trueca los corazones de los Seglares más relajados, y de grandes pecadores los vuelve fervorosos, y sanos.

Pero todos estos medios son insuficientes para mover, trocar, y mudar á un Religioso tibio. El siente las inspiraciones, y llamamientos de Dios, lee libros espirituales, oye Platicas, y Sermones, medita en los Novísimos, ve, y oye muertes repentinas y desastradas, freqüenta los Sacramentos; pero ni se mueve, ni se atemoriza, ni se alienta, sino que se queda muy quieto, y sosegado en su estado tibio á semejaza del perro del Herrero que al paso que á la fuerza, y ruido de los golpes todos los Perros extraños se atemorizan, / 81v / y huien, el se queda inmoble en medio de los golpes más ruidosos. Bien pudiera Dios ponerle delante los ojos el exemplo de otros Religiosos zelosos, recogidos, observantes, y fervorosos, para que avergonzándose de su tibieza, resolviera imitarlos: pero ¿de qué le servirá este medio? No podemos negar que el fue muy poderoso para reducir, y mejorar á varios Pecadores: pero el Religioso tibio tendrá por bagatelas todos estos exemplos de virtud, y quizas murmurará de sus religiosos procedimientos, por querer hacerse singulares. Les notará las faltas, que él no sabe ver en sí mismo, y aun se las acriminará para denigrar su conducta; y presumiendo cumplir con sus obligaciones mejor que ellos, proseguirá siempre constante en su método de vida: más; ¡ay Señor! que pareciéndole caminar por un camino recto y seguro, al fin verá que su tibieza lo irá conduciendo á la muerte eterna: Est via, quæ videtur homini recta, et novissima ejus ducunt ad mortem (264).

Sírvanos de exemplar el Obispo de Laodicea. El muy satisfecho de su conducta le parecía que cumplía muy bien con su Ministerio Pastoral, y que nada tenía que temer para el día en que Dios lo había de fatigar: pero este Dios, que es Juez justo, fuerte, y paciente, le avisa, que estaba en muy mal estado, y que corría peligro de condenarse. Yo (dixo) conozco bien tus obras, y se que ni eres frío, ni caliente: ojalá fueses del todo caliente, ó del todo frío; pero porque eres tibio sin declinar á frió, ni á caliente, te empezaré á vomitar de mi boca: Sed quia tepidus es, et nec frigidus, nec calidus, incipiam te evomere ex ore meo(265). ¿Qué cosa puede causarnos más horror que ésta? Es verdad que Dios no arroja absolutam en te á un Religioso tibio; pero comienza á arrojarlo, apartándose de él, y excusándole los auxilios de su gracia; pudiendo- / 82r / se decir que esta tibieza es un principio de reprobación, la que por sus pasos va consumando á imitación de un Judas Iscariote, que entro muy fervoroso en el Apostolado, y dexandose llevar de su tibieza, llego al colmo de la maldad hasta caher en los Infiernos. Porque con esta substracción de los Divinos auxilios queda aquel entendimiento más obscurecido, y poco á poco va contrayendo la ceguedad; la virtud se va gastando por instantes, y la voluntad se siente cada día más debilitada, y sin fuerzas para resistir las tentaciones: cahe freqüentemente, y sin reparo en culpas leves, y lo debilitan más; se toma libertad para contravenir en las cosas que le parecen menos substanciales á la observancias de sus votos; y por último, siendo negligente en todas sus obras, y procediendo con engaño en el servicio de Dios, cahe desgraciadamente en varios pecados mortales, de los que no concibe mayor pena; y aquí es donde le comprehende la maldición que tiene Dios echada á los que proceden con esta infidelidad: Maledictus qui facit opus Domini fraudulenter(266).

En este miserable estado ¿qué esperanzas le quedan á este Religioso para enmendarse, y emprender una vida fervorosa? Muy pocas (amados PP adres y Herm ano s míos) muy pocas, y tal vez ningunas; porque en sentir del Espíritu S an to el que de mozo se acostumbró en un método de vida, no lo dexará aun quando llegue á la vejez: Adolescens juxta viam suam, etiam cum senuerit non recedet ab ea(267). ¡O quán bien dixo San Bernardo q u e la tibieza estava cerca del Infierno!

Pero ¿quáles serán los principios, de donde dimana esta tibieza, para precaverlos, y librarnos de caher en ella? No es fácil decirlos todos; pero podemos asegurar, que la causa esencial de la tibieza, aunque más remota, es el menosprecio de las cosas pequeñas, según aquella sentencia del Eclesiástico: Qui modica spernit paulatim decidet(268)¿Acaso / 82v / hay cosa pequeña en lo que mira al honor de Dios, y al culto que le es debido? ¿Por ventura la perfección Religiosa no consiste más en las cosas pequeñas que en las graves? Pueden acaso estas mantenerse sin aquellas? Sin embargo se olvida todo esto, y por esta razón se dexan las observancias que parecen pequeñas, el silencio, la compostura religiosa, la mortificación de la vista, el recogimiento, y otras observancias regulares no se creen ser buenas sino para los principiantes; y como si hubiese algún privilegio que eximiese á los Profesos de su observancia, no se pone el menor cuidado en guardarlas; y de este grado se baxa bien presto á otros, que son otros tantos principios, de que dimana la tibieza.

Con persuadirnos que ya no estamos obligados á observar las reglas de Novicios, prontamente vamos dexando la oración mental, la disciplina, y otras mortificaciones; nos entregamos á la ociosidad, y gustamos tratar con los del Siglo, no cuidamos de mortificar, y reprimir n ues tras pasiones, y llegamos á borrar de n ues tra memoria todas las instrucciones que nos dieron en el Noviciado, para vivir en más libertar que quando vivíamos en casa de nuestros Padres. ¡Santo Dios! Y quántos desordenes se originan de estos principios? Por dexar la oración, nos apartamos de la presencia de Dios, nos olvidamos de n ues tras miserias; se nos amortigua la fe, se disipa la piedad, se consume la devoción, se llena el entendimiento de noticias mundanas, y nos hallamos muy perezozos en el cumplimiento de nuestras obligaciones, como que repugnamos asistir á los enfermos permitiendo tal vez que mueran sin sacramentos; nos descuidamos en predicarlos aun los Domingos, y Fiestas principales, y pudiéndoles predicar en su propio idioma, nos contentamos con el que nos cuesta menos trabajo, dexa- / 83r / mos á los Niños baxo la instrucción de un pobre Maestro, mirando con indiferencia el que aprendan á rezar en ambos idiomas, el que sepan cantar, y oficiar las Misas, y el que sepan ó no la lengua castellana; nos da poco cuidado el que las Estancias vayan en decadencia, que los Vaqueros estén holgando, que las casas, y el Pueblo se arruinen, y que todo se pierda, como no nos incomode. En una palabra, dexando la oración es consiguiente el que todo vaya de caída.

Del mismo modo, por dexar la Disciplina, y la mortificación de los sentidos, é interiores pasiones, quedan estas en soltura, y aquellos con libertad para cebarse en sus objetos. Las comidas esplendidas, las bebidas regaladas, los combites pomposos, los vestidos delicados, las contiendas, las riñas, las cóleras, las desavenencias, y otras obras, que el Apóstol San Pablo cuenta entre las carnales, que excluien del Reyno de los Cielos(269); son partos de la immortificación. Y ¿quántas vezes es esta causa de escandalosas embriaguezes, que perturban todo un Pueblo con notable descrédito de nuestro Ministerio? ¿Quántas vezes ocasiona murmuraciones públicas por los combites que se hacen en la celebración de sus días? ¿Quántas vezes se ven ocupados los Superiores Tribunales con quexas, acusaciones, y denuncias poco favorables á los Padres Misioneros, por no haver estos comprimido los ímpetus de una ira desenfrenada? ¿Quántas vezes han tenido que sufrir los Superiores, y Prelados los más amargos sentimientos por el poco sufrimiento de los que están siempre mal contentos con sus Compañeros? No nos cansemos, Padres, y Herm ano s míos: Si secundum carnen vixeritis, moriemini(270).

Así mismo por la ociosidad se viene á caher en el mayor de los precipicios; porque ¿qué de males no se siguen de ella? La ociosidad, dice el Espíritu Santo, enseñó mucha malicia(271). David, Salomón, y los de Sodoma son testigos de esta ver- / 83v / dad que experimentaron en sí mismo luego que se entregaron al ocio. Pero ¿qué ha de hacer un ocioso? Perdiendo el tiempo precioso, que algún día clamará contra él,(272) llena la fantasía de ideas mundanas, juzga fácilm en te contra la reputación de sus hermanos, murmura, y mancha la fama agena sin perdonar á nadie, siembra discordias mueve dimensiones, arma contiendas, y no hallando bastante campo en el lugar donde vive, anda freqüentem en te de un Pueblo á otro para hablar, infamar, y averiguar vidas agenas. Los Libros son sus enemigos, la caza su diversión, el sueño su holganza, el paseo su recreación, la Iglesia lo asombra, á las Escuelas tiene aversión, y por no dexar de obrar mal se entrega al juego donde pierde quizas lo que no es suio en cantidades muy crecidas, en descrédito del Santo habito, con escándalo de los Seglares, cuyo trato, y comunicacion es su diversión, y ocupación continua.

Esto es lo que finalmente pone el sello á la tibieza, y lo que con pasos acelerados conduce á un Religioso á la perdición: porque con el freqüente trato, y comunicacion con los del siglo prontamente se le pegan todos sus desordenes. Ellos lo conducen al paseo, á la diversión, al juego, al bayle, á las conversaciones, y tertulias mundanas, haciendo que se mezclen en sus chistes lascivos, en sus acciones indecentes, y en sus obras iniquas contra el decoro de su Estado; afrentando el Ministerio, y echando un negro borrón al carácter sagrado de su Dignidad sacerdotal. No extrañemos, Padres y Herm ano s míos, que un Religioso que amo el trato, y comunicacion con los Seglares sea como ellos indevoto, divertido, y pegado á las cosas temporales. Por esto, aunque oyésemos, que usando del lenguaje del Siglo; dijese este Caballo es mío, esta Mula es mía, esta Es- / 84r / copeta es mía, este sable es mío, esta plata es mía, no nos debemos admirar; y aunque como ellos tratase, contratase, vendiese, comprase, y comerciase, apropiándose las ganancias, y disponiendo de ellas á su arbitrio, tampoco deberíamos hacer admiración; porque es común adagio: Dime con quién andas, y te diré quién eres. Lo más sensible es, que dexándose llevar de un Religioso de estos ciegos del Mundo, caherán ambos en la hoya del Infierno: Si cæcus cæcum ducit, ambo in foveam cadunt.(273)

Este es el paradero de los Religiosos tibios, que pensando ir por un camino recto, y seguro, se descuidan en practicar los medios para adelantarse en la perfección. No permita Dios, que seamos comprendidos en este numero. Por esto, mediante estas nuestras Letras firmadas de nuestra mano, y nombre, selladas con el Sello menor de nuestro Oficio, y refrendadas de nuestro Pro-Secretario, que circularán por todas las Misiones de nuestro cargo, según el orden de la margen, y que nos devolverán con las Firmas, y atestiguaciones de recibo de sus respectivos Padres Conversores, les exortamos en las entrañas de Jesu-Christo, que se dediquen á la oración, y mortificación, y eviten la ociosidad, y trato con los del siglo; cumpliendo enteram en te todo lo que les exortamos, ordenamos, y prevenimos en esta, y demás Circulares, para suscitar en sus espíritus aquel primer fervor, de que hayan decaydo, y conseguir en el Reyno de los Cielos aquella Corona de justicia, que tiene Dios prometida á sus fieles Operatorios.

Dadas en esta Misión de N uestr a S eñor a del Rosario de las Salinas en treinta y uno de Julio de mil ochocientos y uno.

Fr ay Ant oni o Comajuncosa
Comis ari o Pref ect o de Mis ione s

Lugar del sello

 

P or M andado del M uy R everendo P adre Comis ari o

Pref ect o de Mis ione s
Fr ay Mig ue l Ant oni o de Arce
Pro-Secret ari o.

254.- C. 8 Ea quæ de Stat Monac . C. 26, olim de accusacionibus .
255.- Encyclica Tercera.
256.- S. Bern ap. Burdaloé Retiro Espiritual . Dia 3 Medit. 1, Punt. 1, pag. 104.
257.- Luc. 18,11.
258.- Cord. Rodrig. et Comm. ap. Sanz. to. 1, pag 37, n. 14.
259.- San Greg. et S. Thom. ap. Sanz, ibid .
260.- Luc. 9,62.
261.- Lezana in Sum., tom. 1, cap. 1.
262.- Apoc. 3,15.
263.- Casian. ap. Burdal. ubi supra .
264.- Prov. 16,25.
265.- Apoc. 3,16.
266.- Jerem. 48,10.
267.- Prov. 22,6.
268.- Eccli. 19,1.
269.- Galat.5,19.
270.- Rom. 8,13.
271.- Eccli. 33,29.
272.- Thren. 1,15.
273.- Matth. 15,14.

/ 84v / C on esta Circular di fin a mi oficio, que se concluió con la elección canónica de mi sucesor el día dos de Octubre de mil ochocientos y uno. Yo pudiera en este caso decir a todos los Padres Conversores, que huvo en mi Septenio, aquellas Palabras del Apóstol San Pablo: Contestor vos hodierna die, quia mundos sum a sanguine omnium. Non enim subterfugi, quo minus annuntiarem omne consilium Dei vobis :(274) porque nada he omitido en su instrucción, y corrección, según han sido mis alcanzes. Pero he observado con no poco dolor de mi corazón, que algunos han hecho poco caso de mis exortaciones, y mandatos, y temo se verifique en ellos lo que dixo el Profeta Isaías: Et erit eis verbum Domini: Manda, remanda, manda, remanda, experta, respecta, experta, respecta, modicum ibi, modicum ibi: ut vadant, et cadant retrorsum, et conterentur, et illaqueantur, et capiantur . (275)Dios quiera por su misericordia, que no se verifique de ninguno; y que siendo más obedientes á las órdenes, y mandatos de mi Sucesor, cumplan exactam en te sus obligaciones, y reporten al fin de sus trabajos la corona de gloria, que a todos deseo.

Amén.

274.- Act. Ap. 20,26.
275.- Isaia 28,13.

 

 

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