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ENCYCLICAS O CARTAS CIRCULARES
DEL P. FRAYANTONIO COMAJUNCOSA (1794-1801)

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Conclusiones: más oclusiones para la “tercera vía”

Las Encyclicas o Cartas circulares del P. Antonio Comajuncosa son comunicaciones de una autoridad, espiritual y franciscana, cuyo objetivo era, ante todo, guiar hacia una dimensión de “perfección” y de “santidad”, en sintonía con los votos religiosos profesados. El contexto reduccional correspondía a los deberes, que históricamente los franciscanos de Tarija habían asumido con las naciones de los pueblos originarios de la Frontera de Chuquisaca, de la Cordillera y en la región sureña. Estas obligaciones eran expresadas siempre en términos de “gobierno espiritual”, “temporal” y “político” Las tres estaban, correlacionadas con la definición, que de las reducciones dio el P. Antonio Comajuncosa: eran “escuelas generales”. El principio general interno debía corresponder a la construcción del “Bien común” en cuanto “nación guaraní” (sin distinción en la reducción entre cristianos o no), lo que debía repercutir también en las relaciones externas, en el sentido que los guaraníes debían a su vez, navegar en la dimensión de “Bien común”, que era obligación de la sociedad más grande. Las dificultades se ponían en la asimetría de relaciones, que determinaban un estatuto diferenciado: unos eran “bárbaros” (no integrados en el gobierno general); y otros, civilizados (que usufructuaban de un régimen ya implantado). La distinción habría podido desaparecer con la anulación de los términos colectivos para disolver toda ambigüedad a nivel de las personas. Era a partir de esta situación donde más aparecía la tragedia y la pobreza: ruptura de solidaridades intra-étnicas y solidaridades inter-étnicas. La dimensión de “escuela” era ponerse en espacios de diferentes opciones.

Las divergencias con don Francisco de Viedma estaban en la presunción de un progreso mecánico, obtenido con el comercio e infraestructura de comunicación. Esto permitiría una rápida integración (¿anexión o consumación al sistema social más grande?) a la sociedad colonial. Según Viedma: “Por el comercio se ha conseguido descubrir los pueblos de bárbaros que median hasta el Parapetí y sus frutos hacerlos provechosos a nuestros intereses; y por el comercio puede con el tiempo descubrir o proporcionarse un camino utilísimo a todo el reino de Perú, desde el mismo río Parapetí, hasta la ciudad de Jujuy, de que trata don José Buseta en su informe, sin las serranías y penalidades del que usamos. Todos aquellos terrenos manifiestan ser llanos, por lo que se reconoce en las 90 leguas que hay de camino, desde la ciudad de Santa Cruz hasta el expresado río Parapetí, donde se puede abrir carriles apacibles y cómodos para el trajín de la carretera” . Su propuesta de nuevo plan de gobierno con base de otra infraestructura de autoridad civil y de parroquias, habría tenido su fin en que: “basta civilizar a los indios, hasta ponerlos en estado de que puedan depender de sí como los demás pueblos de indios reales de este reino del Perú, y pagar su tributo, en cuyo caso, pueden ser gobernados con las mismas reglas de ésos y salir del pupilaje que les ha de ser penoso”.

Las Encyclicas del P. Antonio Comajuncosa no hablaban de las dificultades que se relataron en el Manifiesto… . Si bien eran actos de gobierno, ellas debían ser circunstanciadas a la vida de los frailes, en cuanto pertenecientes al Colegio de Propaganda Fide. Y como autoridad, el P. Antonio Comajuncosa asumió las divergencias con Viedma acudiendo a las autoridades superiores correspondientes e informando a los responsable conventuales. Él asumió lo que como Prefecto le tocaba defender, agilizando y no confundiendo la acción de los conversores en cuanto tales. De otra parte, las reformas no eran amenaza para los franciscanos, sino más propiamente contra la organización reduccional. Así es que la similitud más próxima a las Encyclicas era el texto del Comisario Prefecto instruido… que reglamentaba el ser misionero y conversor según los privilegios eclesiales y civiles, otorgados por el Rey y por el Papa. La dificultada máxima resultaba estar en el concepto de autonomía de los Colegios de Propaganda Fide; autonomía que mal combinaba con el dominio del territorio global, exigido por Don Francisco de Viedma (y eclesiásticamente: obispos y Padres Provinciales), así como los militares libertadores.

Interesante subrayar, en ese sentido, la actitud de P. Guardián del convento de Potosí (convento integrado a la Provincia de San Antonio de los Charcas), que, en el momento dramático de la dispersión, renunció al pedido de ayuda y hospitalidad de los franciscanos de Tarija. Conocemos la respuesta a través de la carta del hermano Arizmendi, escrita a la Audiencia el 12 de julio de 1818. Después de haber descrito los sufrimientos de los frailes en su exilio en Argentina, seguía: “Digo pues, que los misioneros no pueden ir a los lugares de las misiones por hallarse éstas ocupadas, y poseídas por los insurgentes, como es público y notorio y Vuestra Excelencia no lo ignora, pues desde Santa Cruz hasta La Laguna, todo está perdido, y allí fueron presos los misioneros y despojados aun del breviario por los insurgentes, y es lo primero. Segundo, que si los misioneros son escandalosos, porque no moran en el convento, el P. Guardián de Potosí tiene la culpa de todo, pues negándose a la Religión, y hasta a la humanidad, nos negó hospicio en nuestro propio convento a unos pobres religiosos, peregrinos por amor del rey y a su causa, como por defender nuestra Religión. Tercero: que si los misioneros fomentan la insurrección por no ir a Tarija, y que se hallan detenidos en Potosí por justos motivos que para ello tienen, que son los más, comprometidos con los insurgentes por haber predicado con toda energía y libertad, contra su sistema y a favor de la Real Dominación, que si por desgracia caen en manos de los insurgentes, serían víctimas destinadas a la muerte”. Otros testimonios fueron en contra de las tropas realistas. El P. Guardián Benito Izquierdo, en carta del 2 de octubre de 1819, denunciaba: ”No me explayo en referirle algunas persecuciones que hemos sufrido, y particularmente yo, de las tropas de nuestro amado Soberano”; además en la carta al General La Serna del 12 de julio de 1818, denunciaba los atropellos del Coronel Vigil contra el P. Ruiz y defendía al religioso de haber recibido “algunas cartas de los caudillos enemigos, escritas a dicho Padre, que manifiestan alguna satisfacción; como me consta que nunca la han tenido con él, presumo sean algunos papeles en que pedirían alguna cosa de corta entidad…”.

Las tantas “oclusiones” del régimen reduccional se originaban en que los religiosos no usufructuaban de un poder contractual con el Estado. Y los adversarios del sistema reduccional fueron las configuraciones políticas, que quisieron adoptar al indígena por conceptos de ciudadanía (ciudadanos útiles al comercio) o destruirlos en sus realidades económicas a razón de las tierras.

Tarija, 18 de mayo de 2007

Viedma F. de, Descripción geográfica y estadística de la provincia de Santa Cruz de la Sierra , op. cit., pág. 262.
Ib., pág. 268.
“Escrito a la Real Audiencia vindicando el honor de nuestros Misioneros y exigiendo el pago de un préstamo al Ejercito Real”. T.A.F. AE-14, en Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia …, op. cit., pág. 1051.
“Exposición del Guardián ante el General La Serna sobre los atropellos del Coronel Vigil contra las Misiones de Itau y Salinas y sus Conversores”, T.A.F., M-80” en Presencia franciscana y formación intercultural del sudeste de Bolivia…, op. cit., pág. 1034.

 

 

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