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ENCYCLICAS O CARTAS CIRCULARES
DEL P. FRAYANTONIO COMAJUNCOSA (1794-1801)

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VI. DOS DESTINOS: DIVERGENCIAS ENTRE FRANCISCANOS DE TARIJA Y DON FRANCISCO VIEDMA

En páginas anteriores hemos afirmado que las divergencias entre los franciscanos de Tarija y Viedma eran de orden político. Lo que quiere decir que era diferente la proyección de las decisiones de los frailes respecto a las del Intendente de Cochabamba y Gobernador de Santa Cruz de la Sierra. De parte de los religiosos se insistía siempre en “aquellos pobres indios”, actitud, que fue ampliada a la “identidad y cultura de nación” de los guaraníes de la Frontera de Chuquisaca, región del Guapay y del Parapetí. El todo se organizaba en el espacio de la “reducción”, implantado por los franciscanos como modelo de un proceso de cambio, que salvaguardara unidad, identidad y proyecciones de futuro desde la herencia colonial. Por tanto, la prefiguración última era un sistema de interculturalidad entre las tantas naciones de la composición charqueña. La definición del sistema reduccional, dada por el P. Antonio Comajuncosa, incluía su dimensión organizativa y propósitos. La escribió en el año de 1800 y la repitió textualmente en el año de 1811. Esa repetición no era una reproducción de palabras antiguas sino del marco que guió las decisiones de los franciscanos. Y tal definición estaba anotada, precisamente, en la especificación de “Gobierno político” de las reducciones.

En nuestro escrito hemos venido delineando los aspectos generales del modelo reduccional, que fueron relacionados entre sí por el P. Antonio Comajuncosa. “Siendo las misiones unas escuelas, en que los Padres Misioneros enseñan a sus Indios, no sólo los artículos y preceptos de la Religión, y las reglas prácticas de una buena economía, sino también el método de un gobierno político, para la perfecta morigeración, paz y quietud de sus pueblos; es preciso que desde los principios le vayan entablando una vida civil, que poco a poco los connaturalice con la sujeción y dependencia; reconociendo en los que gobiernan el pueblo una autoridad que sea capaz de reconciliarles respeto, veneración y obedecimiento. Procuran primeramente, inspirarles un conocimiento de la potestad regia, para que se reconozcan vasallos fieles de nuestro soberano, y obedezcan las sabias disposiciones de sus ministros. Para lograr esto, es menester combatir largos años con las densas tinieblas de su ignorancia y expugnar con mil ardides aquella brutal libertad, con que están connaturalizados. Los capitanes que los indios tenían en su gentilidad, conservan siempre su título y mando sobre sus soldados, y para más distinguirlos se les da bastón con puño de plata, y tienen en la Iglesia escaño distinguido. Este honor es hereditario, y faltando sucesión se congregan sus soldados delante del Padre Conversor, y a pluralidad de votos, se elige capitán, cuando alguno fallece” .

Retorno de los “profetas”

En carta al Virrey Marqués de Avilés, el P. Antonio Comajuncosa refutó las acusaciones de don Francisco Viedma de que la sublevación hubiera sido provocada por los castigos o régimen de violencia contra los indios. La respuesta del Prefecto de Misiones fue que el origen del malestar vino, no de las reducciones, sino de los pueblos “bárbaros”. Otras causas más sobrevinieron. El obispo de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, en 1773, condenaba una situación de intercambio desigual y de esclavitud de los guaraníes:

•  “…como estos bárbaros no formaban pueblos y vivían esparcidos en familias, buscándolos, los cruceños, con tasajo, algunas cuñas, costales y varias bagatelas de poco precio, conseguían el algodón y alguna cera puerca y sin beneficio; y según estoy informado, no había precio regulado, porque la necesidad del indio, su inclinación a lo que veía y la posesión de los efectos, porque eran reconvertidos, facilitaba el contrato; y como gente que vivía desnuda, sin más anhelo que remediar la necesidad presente, las más veces se concluyan los ajustes con brevedad” .

•  “El segundo punto coincide con el detestable abuso que hay en Santa Cruz, de esclavizar a los indios, venderlos y donarlos; asunto que en parte se ha contenido en fuerza de lo que he reclamado contra él, y de la sagacidad y justificación del actual Gobernador [Viedma] …De esa inicua costumbre ha tenido origen de los indios de la Cordillera, que en la mayor parte la han ocasionado ellos mismos porque en la barbaridad, si tenían guerras entre sí, vendían a los cruceños lo que tomaban de sus enemigos, por tasajo o otra cosa de poco valor; y aun en los años de carestía solían dar sus parientes, y aun sus hijos, en cambio de comestibles, hurtándose, en ocasiones, unos a otros, los párvulos, al mismo efecto .

“Luego que se empezó a fundar la Misión del Piray, se movieron con más eficacia los indios, a solicitar se restituyesen a sus parientes a su origen” .

Los Padres Pablo Joven y Fray Magín Matas contra los militares de Pirití y Zaypurú:

•  “Todo es posta y cañones al fuerte de Piriti: cañonazos y más cañonazos por una parte, fusilazos por otra. Al parecer que va a arruinar o matar a todo el mundo, gastando la pólvora y balas…Considere Vuestra Paternidad, qué bravatas, qué mentiras y qué enredos levanta este dicho señor, cuando de la Cordillera o barbaridad no se oye decir nada y las Misiones están pacíficas…” .

•  “El pobre miserable Capitán (Cuyamboyu) respondía con mucha humildad, que cuidase de los Padres que eran compañeros de Dios y que no tuviese miedo a nadie, sino de los mismos Padres; y a estas respuestas del pobre miserable Capitán, el mencionado Comandante, como otro Caifás, le correspondía con la culata del fusil en la cabeza y cuerpo; otra vez con los pies y mano de cachetes o puñetes, en ojos y narices diciéndole… Ese fraile de mierda, Fray Francisco del Pilar, tiene la culpa de que nosotros estemos acá, por haber fundado Misión” .

El P. Antonio Comajuncosa contra los estancieros:

•  “En el mes de mayo del año inmediato (año de 1799) el Comisario Prefecto de Misiones después de haberlas visitado, y hallado sin novedad, pasó por entre los mismos bárbaros y éstos se le quejaron de que los cristianos estancieros, que tenían sus ganados en las inmediaciones de sus pueblos, les hacían mucho daño en sus chacras; y que habiéndose quejado de ello en Sauces, no quisieron hacerles caso, ni pusieron remedio alguno. Los mismos bárbaros le informaron de que entre ellos vivían dos cristianos antiguos, llamados Esteban y José, que les aseguraban que dentro de poco tiempo había de entrar un ejército de españoles que los había de sujetar, y obligar a todos a que vivieran en reducciones, bajo la esclavitud de los Padres Misioneros, que los hacían trabajar a fuerza de rigor y que los animaban a que se resistieran, por cuyo motivo (según la averiguación que hizo en todos los pueblos del tránsito) estaban ya convenidos, luego que esto se verificase, a matar a los religiosos, pegar fuego a las capillas y entrarse a vivir en los bosques. A todo esto se agregó últimamente que un vaquero de los cristianos inmediatos se llevó furtivamente una india bárbara y uno de aquellos estancieros cargó con un hijo que tenía en otra” .

A estas situaciones se deben agregar incertidumbres de cosechas y enfermedades. El malestar propiciaba la acción de los profetas. En la relación de los sucesos, el P. Antonio Comajuncosa, nos da a conocer los nombres del Capitán Guarey en el Parapetí, Tambora y sus hijos (el hijo Hermenegildo) en el Guapay, y Mandicuyo en la Frontera. La acción de guerra iniciaba siempre con “convites” nocturnos, con robos de ganado, con infundir miedo y elaborar una situación de revancha “mesiánica”. No debe extrañar la presencia de la mujer Tambora. Ya en 1778, describiendo al “dios fingido”, anotaba también la compañía de la mujer María Chesu “de la cual afirmaba que era la verdadera Virgen María y persuadía frecuentemente a los oyentes indios que las imágenes de María, que veneran los cristianos eran estatuas solamente de madera sin que digan respecto alguno a otro original, por no haber otra persona que la dicha María Chesu. Además de esta adjunta persona, acompañaba también…otro individuo igualmente desconocido, el cual decía a los bárbaros que era hermano del rey Inga y que por haber degollado a éste los españoles, venía él a recuperar sus caudales para enriquecer con ellos a los que se les sujetasen” .

Todos ellos fueron definidos como “grandes brujos”, “brujos poderosos” y “brujos famosos, que entre ellos son respetados, creídos y tenidos como dioses…” . El atributo de “dioses” resultaba como manifestación del movimiento mesiánico. El retorno a la situación originaria, implicaba la acción de destrucción de las novedades reduccionales: “pues siendo éstos siempre contrarios o positivamente opuestos a la religión incesantemente predican a los pueblos que no hagan caso lo que dicen los Padres, retrayéndolos con sus embustes y amenazas de admitir reducción, y si ya viven en ella, de recibir el santo Bautismo, de asistir a la doctrina, de sujetarse los niños a la escuela, con otras maldades mayores. Finalmente, para que los religiosos Conversores obren con aquella libertad, expedición, gusto y empeño que el Apostólico Ministerio requiere en aquellas soledades, y entre unas gentes, cuyas importunidades, molestias y rusticidades son capaces de incomodar, aburrir y hacer desmayar al más fervoroso, es preciso que Vuestra excelencia (Marqués de Avilés, Virrey en Buenos Aires) comprima la furiosa porfía, con que el Gobernador Intendente de Cochabamba, don Francisco de Viedma, persiste en desacreditar la conducta de los Padres Misioneros para con todos los tribunales…” .

La gran contienda: Comajuncosa y Viedma

El dicho que todo es política es negación de todo sentido común. Don Francisco de Viedma justificaba esa postura con el nombre de “nuevo plan de gobierno”. Lo que se define “reforma borbónica”, en realidad, era un conjunto de decisiones, implantado por el Rey Carlos III, que instaba cambios económicos, eclesiales, y de organización de nuevos tejidos sociales en la composición del Estado. En ellas se incluyó también el alejamiento de todo el continente de los Padres Jesuitas, en el año de 1767. La sustancia de lo que llegó a Bolivia era un proyecto de una nueva estructuración del territorio, según cánones de productividad, rentabilidad y posibilidad de impuestos. También se impuso otra administración del Estado, basada en las Intendencias, que por su peso local oscurecieron el rol de la Audiencia de Charcas otorgándole una situación tan sólo de instancias jurídicas. El Intendente de Cochabamba y Gobernador de Santa Cruz, nombrado en el año de 1784, fue don Francisco de Viedma. Cumplió inmediatamente con un análisis económico, impositivo y administrativo, cuyo resultado fue su informe: Descripción geográfica y estadística de la Provincia de Santa Cruz de la Sierra de 1886 . Fue una sucesión continua de anotaciones desde la ciudad de Cochabamba y sus “partidos”, llegó a Santa Cruz y sus “partidos” y terminando en las reducciones guaraníes del Parapetí.

El todo resultaba anotado en positivo o negativo como un quebrado afín a entradas y gastos; el primero conformado por el régimen de impuestos, en el cual incluía siempre tasaciones de los indios como aporte al “ramo de tributos”. Cuando llegó a Cordillera de los chiriguanos, vislumbró bienestares y malestares imaginarios, exagerando calidades de los terrenos, viendo abundancia de agua, y experimentando precariedad en las relaciones con los indios; el todo, para denunciar presencia de riquezas en las reducciones del Norte; de extremada pobreza, en las del Sur, y de vida dispendiosa del vivir de los franciscanos. El P. Antonio Comajuncosa atacará la mayoría de los apartados de esa relación, que globalizará en la expresión: “Todo es exageración y falsedad” . La exageración tenía un doble sentido: todo al positivo por los resultados económicos y de organización de las reducciones del Guapay (Cabezas, Piray, Abapó y Florida); y todo al negativo, por las otras reducciones (incluso su régimen de autoridad de los franciscanos). La contradicción patente, manifestada también por el P. Comajuncosa, era su exaltación a favor de esos cuatro pueblos y los desastres anotados por los restantes, que vivían bajo el mismo sistema reduccional. El propósito manifiesto era el querer trasformarlos en parroquias (lo que permitía la tasación de los indios), separándolos del conjunto regional reduccional para integrarlos al obispado de Santa Cruz de la Sierra.

Seguramente tal proyecto era sustentado también por el obispo Alejandro Josef Ochoa. La confusión nacía de la propuesta del mismo intendente de construir una unidad administrativa (intendencia) entre Chapare, Moxos y Chiquitos. Se daba también la perspectiva de la creación de un obispado en Cochabamba, consolidándolo con parte de las parroquias cruceñas, valle alto y provincia de Mizque y compensando la substracción de éstas con las que iban a ser proclamadas como tales (las reducciones de Piray, Cabezas, Florida y Abapó). Asimismo, la cuestión de límites con Chuquisaca, que era de conformidad con los Franciscanos y contraria a la decisión de Viedma. Esa impulsión generó el no pago de los sínodos a los franciscanos de Tarija, la actitud fiscalizadora hacia éstos y la generosidad proclamada para futuros administradores y clérigos. Concluía, además, desconociendo la realidad jurídica, civil y eclesiástica, de los Colegios de Propaganda Fide. La reacción de los frailes contra el plan Viedma remarcaba también una visión de futuro de los pueblos originarios: “…la repartición de tierras de infieles es más natural y más conveniente que se haga por Naciones que por Obispado” . Lo que resultaba ser menos un proceso de integración de los pueblos originarios y más una anexión de ellos a las “provincias antiguas”. No pudiendo desconocer razones, don Francisco de Viedma pasó a la denigración (a lado: el perfil psicológico del Intendente y Gobernador de Santa Cruz de la Sierra por el P. Antonio Comajuncosa):

Don Francisco Viedma en Descripción geográfica y estadística de la provincia de Santa Cruz de la Sierra 1788 : “En los conventos religiosos que tiene esta ciudad, a excepción de mi padre San Francisco, no se guarda clausura ni vida común. Las mujeres entran a las horas que les parece en los claustros y celdas; cada religioso come en la suya o fuera del convento, lo que puede según su manejo de medios; por lo regular algunos viven fuera de ellos y otros casi apóstatas.

Desde el prelado abajo, se recogen a la hora que les parece. Aunque están obligados a auxiliar a la iglesia con su predicación y socorros espirituales a los fieles, solamente en el convento de San Francisco se predica los viernes de cuaresma, y en el de la Merced en idioma quichua de tres años a esta parte, que se ha dedicado un religioso, llamado Fray Francisco Paz de Buenavida; faltando éste, seguirá como antes. Para con los otros conventos todo el tiempo es igual. En ninguno se socorre al prójimo en el estado de su último fin, ayudándole a bien morir; en esto hay el mayor abandono, así en los eclesiásticos seculares, como regulares. En administrándoles el cura o ayudante los últimos sacramentos, los dejan en manos de su familia o asistentes, si los tiene, y expiran sin que tengan quienes invoquen el dulcísimo nombre de Jesús…”

“… el clero estaría con distinta sujeción y arreglo en la relajación de algunos, y la religión cristiana florecería sin los escandalosos excesos que se notan, mayormente si las religiones se sujetasen a los ordinarios en estas Américas, con total independencia de su general, suprimiendo los provinciales, y dejando en libertad a los religiosos, para que elijan prelados en sus respectivos conventos a su satisfacción. ¡Cuantos simonías, cuantos escándalos, y tal vez homicidios, no se encausarían con tan santa providencia, a más de la sujeción que tendría en la vida monástica¡”

 

P. Antonio Comajuncosa en Carta al Virrey Don Joaquín del Pino del 10 de febrero de 1802, en Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia… “La experiencia nos ha enseñado que este caballero se esmera en perseguir a todos los que se oponen a sus ideas; en acusar prontamente sus faltas, abultándolas con exageraciones, y aun acompañándolas de otras que él se imagina, dando a las oposiciones que se le hacen, unas interpretaciones muy ajenas al intento de los autores y aseverando los motivos que éstos tuvieron en oponérsele, cuando ni lo imaginaron; en fundar sus escritos con testimonios de poca fe, por ser de unos sujetos a lo menos tímidos, que no se atreven a disgustarles por no ser perseguidos de él; en aparentar amistad y rectas intenciones escribiendo y tratando con los que persigue, y dar las heridas a las espaldas; en ejecutar puntualmente las órdenes y providencias que vienen contra sus opositores favorables, y en retardar cuanto puede las que vienen favorables; en excusar y disminuir las faltas de los que siguen sus ideas, entorpeciendo las providencias que vienen contra ellos o disimulando sus transgresiones; en sostener, finalmente, sus proyectos, aunque la razón, la ley y la autoridad se opongan a ellos.

De aquí nace la persecución que nos hace, la aversión que tiene a la Real Audiencia de Charcas, la omisión de fundar sus recursos en ella, o en los superiores de los religiosos; la facilidad con que acusa nuestros defectos a los tribunales superiores, la prontitud con que ejecuta las providencias que vienen contra nosotros; la oposición que hace a las órdenes superiores para que entregue los sínodos y a otras que nos son favorables; la indiferencia con que mira los encargos que se le hacen para contener, corregir y castigar los desordenes de los soldados de aquellos destacamentos [Zaypurú-Pirití] , calificando de política, prudencia y moderación lo que es ciertamente efecto de un ánimo apasionado. En una palabra, al que no sigue su rumbo, lo persigue como a su enemigo.”

 

La descripción de la vida de los religiosos es altamente dramática pero por muchos aspectos no creíbles por la misma propuesta de Viedma de abolir el sistema de autoridad, al cual correspondía el control del ordenamiento interno de los conventos. Las palabras del P. Antonio Comajuncosa han dado con el perfil psicológico que justificaría toda palabra por demás. Aún debemos dar una cierta explicación de la actitud mental de Viedma contra los religiosos. Siempre en su escrito: Descripción geográfica y estadística … alaba a los expulsados Padres Jesuitas por su educación y prosperidad, logradas en Moxos y Chiquitos, para condenarlos después por su espíritu de “independencia”. Para las franciscanos afirma: “En una palabra, estos religiosos son absolutos en el mando temporal, con desprecio de la autoridad regia”. Por lo que se refiere a la anulación de las órdenes religiosas, poniendo los frailes bajo la obediencia de los obispos es adecuación a otras decisiones reales, como fue la tomada contra los jesuitas.

Fue el caso de las doctrinas, a las cuales se dedicaron los franciscanos desde el inicio colonial (recordar el afectuoso elogio a su favor de Guamán Poma de Ayala), que a partir de los años de 1751 (siempre por la reforma borbónica) tuvieron que ser entregadas a sacerdotes seculares (Las del valle de Colca, en la región de Arequipa pertenecían a la provincia de San Antonio de los Charcas). Ésas fueron el antecedente más próximo a las reducciones. La síntesis de su organización así la describió el P. Julián Heras en su libro, Aporte de los franciscanos a la evangelización del Perú : “Constituidos, pues, los pueblos de indios alrededor de la iglesia y del convento, nacía la doctrina; es decir, la parroquia de naturales. Se legisló sobre todo cuando las doctrinas estaban a cargo de las órdenes religiosas. Se procuró que los religiosos destinados a las doctrinas no vivieran solos, sino que residieran varios juntos en vicarías o cabeceras de parroquias y de ahí salieran a doctrinar a los indios. Estas vicarías estaban situadas estratégicamente a cierta distancia unas de otras, para que los religiosos doctrineros pudieran vivir en comunidad…El doctrinero debía ser examinado en la lengua de sus indios…”.

“Las iglesias de estas doctrinas las podemos ver aún, llenas de hermosos retablos, valiosos lienzos y obras de platería. Al lado del convento no faltaba una escuela, dirigida por los mismos religiosos, donde se enseñaba a los naturales a leer, escribir y a cantar”.

“En cada doctrina existía un taller artesanal, donde los más hábiles se estrenaban y ejercitaban las obras necesarias a la doctrina y para las capillas de la parroquia. No faltaban el orfebre, el grabador, el imaginero, el dorador, el pintor, el bordador y otros mil oficios más. Como el trabajo era comunitario, no importaba la firma o el nombre del artesano: el arte misionero fue un arte eminentemente anónimo.”

“Informe general de todas nuestras misiones ante el Virrey de Buenos Aires”, T.A.F. M-52, en Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia…, op. cit., págs.773 y 287.
“Copia del informe del Obispo de Santa Cruz sobre los abusos de los cruceños contra los chiriguanos, y de las provisiones tomadas para evitarlos” en Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia …, op.cit., págs. 805-806.
Ib., pág. 807.
Ib., pág. 807.
Carta a Fray Bernardino Durán, sobre los atropellos del comandante a los misioneros” en Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia …, op. cit., págs.905-907.
Ib., pág. 907.
“Informe sobre el motivo de la sublevación de los Chiriguanos” en Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia…, op. cit., pág.883.
Calzavarini L., Nación chiriguana…, op.cit., págs. 41-50; 176-179.
“Sublevaciones guaraníes: el caso de María Tambora” en Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia …, op.cit., pág. 890.
Ib., pág. 890.
Cochabamba, 1969.
“Reflexiones sobre el informe de Viedma por el P. Antonio Comajuncosa” en Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia …, op. cit., pág. 830.
“Al mismo Señor Don Joaquín del Pino, ya Mariscal de Campo de los Reales Ejércitos y Presidente de la Real Audiencia de La Plata, carta adjunta a la antecedente sobre la paz conseguida y el asunto precedente” en Presencia franciscana y formación intercultural en el sudeste de Bolivia…, op. cit., pág. 857.
Cochabamba , pág. 176-177.
Op. cit., pág. 865 .
Viedma F. de, Descripción geográfica y estadística …, op. cit., pág. 192.
Ib., pág. 241.
Lima, 1992, pág. 113.

 

 

 

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