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EPILOGO
LA CRUZ: ANTES Y DESPUES

Me resulta difícil, por no decir imposible, poner punto final a los relatos de mis recuerdos de viajes por caminos, senderos, declives yaguas de Bolivia. Lo ingrato es vislumbrar un gesto de adiós. No quiero ni puedo pensado. Estas páginas, que me han involucrado en la vida de los demás, han llegado a ser mi "territorio del alma". Las preguntas -las he hecho a los cielos, a la tierra, a la historia, a los pueblos y a Dios mismo- han recibido ecos de respuesta, que venían de las profundidades de la existencia humana, donde nace y se crea el destino del mundo.

Lo que he visto no está totalmente escrito. El sentir me ha conectado con sentires que llegaban por trayectos, hechos carne y donde el deseo de volver se ha diagramado concretamente entre nostalgia y escritura. Eso es en síntesis el libro Teología Narrativa, que por sugestiones estéticas ha caminado por alturas místicas de plenitud. Así no tuve miedo en franquear las orillas, que habrían podido separar intenciones de solidaridad en la imaginación de la vida.

Finalmente la fiesta, por su sensitividad, es terapia de encuentros. Educa al cuerpo, conforma ideas colectivas, sintoniza palabras para crear una intersubjetividad común. Y en ésto tiene gran valor la Fe, que articula sus significados a través de las realidades que Ella evoca con el desplazamiento de los signos. ¿Podrán existir símbolos puramente naturales y sin vestidura teológica? En el relato de la creación del mundo del Génesis bíblico encontramos la plenitud de lo último de nuestros días. Entre los dos términos se da la vida de Fe, que es recorrido de Exodo (desde un punto de partida a una dimensión de llegada) por caminos ya señalados.

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Me gustaría sugerir a mis lectores que consideren las páginas de Teología Narrativa como "crónica", que es el género de escritos asaz presente en la literatura de Bolivia y que tiene su nacimiento en los conventos. El objetivo de tal escritura no ha sido el interpretar la historia sino el describirla según el multifacético realizarse de la "gracia", que se extendía allá donde antes no estaba. Por tal motivo los" cronistas" se inspiraban en los Hechos de los Apóstoles, que señalan el camino de la Fe desde Jerusalén hasta los confines de la tierra (Hechos 1,8). Y tal movimiento de "ida" incluía un movimiento de "vuelta" como trayectoria de "conversión". Allí, el modelo más apto eran las Confesiones de San Agustín, autor que al final de sus andanzas -psicológicas, culturales, religiosas- descubrió que Lo que él buscaba afanosamente fuera de sí, estaba ya en su corazón; y que el Dios que quería encontrar era Quien, a su vez, seguía bondadosamente sus huellas.

¿Era lícito, sin embargo, transformar una biografía individual en biografías colectivas? Siguiendo a Diego de Mendoza, que escribió la Crónica de la provincia de San Antonio de los Charcas, en 1663, tales acontecimientos se dieron en forma de "invención de la Santa Cruz". Según este autor, la Fe no podía llegar por caminos de "espada" o de "regalos" sino desde una situación de apertura a la luz evangélica. La Cruz era el medio que insertaba e inserta a todos los hombres en la Historia de la Salvación. Así es que un indígena, por el año 1616, descubre la Cruz en una cueva cerca del pueblo de Torres en el sur de Bolivia que, según una tradición salvaje, siempre había estado allí "porque era arma de un Apóstol o de un Discípulo suyo", anunciador de la Fe a los Chiriguanos. Por no haber querido escucharlo él se fue; y los Chiriguanos quedaron en la "obscuridad" a pesar de la presencia de la Cruz. Ahora uno de ellos la reconocía y la adoraba. Sucesivamente, en el año 1631, aquella Cruz fue trasladada al convento de San Francisco en Tarija, donde continuó los hechos milagrosos sobre todo en las invocaciones para la lluvia.

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Las particularidades del texto de Diego de Mendoza se refieren a que la "invención de la Santa Cruz" es ocasión ofrecida a un indígena, que Ella opera milagros, que tiene relación directa con la predicación apostólica y que, siendo dadora de lluvia, encarna el poder de los dioses antiguos. Más allá de tales connotaciones, se resaltan elementos clarificadores en cuanto a la situación socio-cultural y religiosa del tiempo. Los indígenas eran objeto de explotación, legitimada por la ideología que los definía "infieles", "bárbaros" y "salvajes". Con la "invención de la Santa Cruz" se demostraba que Dios estaba con ellos. Y tal acontecimiento de redención, como tantos otros, se sigue festejando en la Fe popular de Bolivia.

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